¿Qué es el Estrés?

El estrés es la respuesta natural de nuestro organismo ante una amenaza o peligro, y nos prepara para una actividad física intensa como puede ser la lucha o la huída.

Aunque se trata de una reacción muy útil para la supervivencia frente a peligros físicos, no es muy adecuada para las amenazas de tipo psicosocial que nos encontramos en la actualidad (la hipoteca, posibilidad de ser despedido, ambiente de trabajo hostil, objetivos laborales cada vez más difíciles, etc.)

La respuesta de estrés tiene además un alto coste para nuestro organismo. Si de produce de forma frecuente, el cuerpo no tendrá tiempo para recuperarse y terminará produciendose una situación de estrés crónico, con graves consecuencias para la salud y la calidad de vida. Como sus síntomas se desarrollan progresivamente y no suelen ser alarmantes (irritabilidad, poca capacidad de disfrute, problemas de sueño, inapetencia sexual, infecciones frecuentes,…), no se les presta mucha atención hasta que se producen problemas más graves.

El estrés crónico puede ser la causa de un gran número de enfermedades físicas y trastornos psicológicos (“Estrés. Aspectos médicos” Ed. Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo, 2006).

Entre las principales patologías en las que el estrés es un factor de riesgo demostrado, podemos destacar las cardiovasculares, cefaleas, cáncer, digestivas, inmunológicas, respiratorias, cutáneas, endocrinas, etc. Y también trastornos psicológicos como la depresión, ansiedad, problemas sexuales, problemas de sueño, adicciones, etc.

Pero no todo estrés es negativo. De hecho, hasta un cierto nivel que es variable para cada persona, tiene efectos positivos tanto a nivel físico como psicológico y hace que nuestra vida sea más interesante y satisfactoria.

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Gestión del estrés

La respuesta de estrés depende principalmente de la relación entre la amenaza percibida y los recursos que creemos tener para afrontarla. Se trata de valoraciones subjetivas, puesto que un mismo agente estresante puede ser percibido de forma muy diferente por personas distintas.

Cuando sentimos ansiedad por algún suceso concreto o por la situación actual o futura, los análisis racionales y las explicaciones suelen ayudar poco. De hecho, normalmente sucede al revés: las emociones son las que realmente nos dirigen, y según lo que sentimos interpretamos lo que nos sucede, muchas veces sin ser conscientes de ello.

¿Qué sucedería si lo que nos amenaza se vuelve menos grave y sentimos mayor confianza en nuestros recursos y posibilidades? Sencillamente, que la respuesta de estrés se reduciría y empezaríamos a utilizar mejor los recursos de los que disponemos.

Esto es lo que se consigue muy rápidamente mediante la Hipnosis Ericksoniana y otras técnicas de programación neurolingüística. Además, mediante la autohipnosis se dispone de una potente herramienta para seguir reforzando las emociones positivas, reducir la ansiedad y aumentar la autoestima y la confianza en uno mismo. De esta forma se puede convertir el estrés negativo en positivo, y transformar el riesgo de enfermedades físicas y trastornos psicológicos en factor de fortalecimiento físico y bienestar emocional.