Tartamudez

“Si usted nunca ha sido tartamudo, no puede tener ni la más remota idea del misterioso poder de desaprobación por parte de la sociedad hacia eso que llaman tartamudez”. Wendell Johnson, psicólogo estadounidense presidente de la American Speech and Hearing Association (1906-1965)

Hipnosis y Tartamudez

La tartamudez es un problema que solo el que la padece conoce realmente su verdadera magnitud y el sufrimiento que causa.

La persona que tartamudea suele organizar su vida en torno a la tartamudez evitando en lo posible la interacción con otras personas. Esto le lleva frecuentemente a renunciar a trabajos y funciones más adecuadas a sus capacidades y preferencias reales, pero que le permiten desempeñar su actividad de forma más aislada.

En la tartamudez existen dos factores principales que se refuerzan mútuamente y que contribuyen a cronificar el problema, independientemente de cuál sea su origen y siempre que no haya un trastorno orgánico (defecto en el aparato fonatorio o problemas neurológicos).

Estos dos factores son la ansiedad anticipatoria y los hábitos incorrectos de habla (creados precisamente por los intentos que se hacen para no tartamudear).

Tratamiento de la tartamudez con hipnosis.

La hipnosis es una herramienta muy eficaz para abordar estos dos aspectos, que junto con otros procedimientos adicionales que facilitan la producción del habla, ayudan a conseguir rápidamente un habla normal más fluida y consolidar los nuevos hábitos. Afianzando la nueva forma de hablar fluida se evitan recaídas en el futuro.

En la tartamudez tónica (bloqueos) se altera mucho el proceso respiratorio y fonatorio, justamente por los esfuerzos que hace la persona para romper el bloqueo y no tartamudear. Estos esfuerzos, gestos y movimientos pueden llegar a ser verdaderamente exagerados y agotadores.

En realidad, se está utilizando un mecanismo natural, la maniobra Valsalva, por la que se cierra la salida de aire de los pulmones en la garganta, permitiendo hacer mayores esfuerzos por ejemplo para levantar un objeto pesado. Este mecanismo se incorpora con facilidad en el niño cuando siente las primeras dificultades al hablar. Entonces intenta hacer un esfuerzo mayor para “empujar” la palabra, que al final consigue pronunciar con más o menos dificultad, reforzando de esa forma este hábito incipiente.

Los procedimientos de logopedia u ortofónicos o de reeducación del habla no son en general muy eficaces para solucionar este problema. La persona que tartamudea suele hablar bien en ciertas circunstancias: cuando está sola o no se siente evaluada, cuando canta, o incluso a veces cuando habla otro idioma distinto a su lengua materna.

La tartamudez es un hábito caracterizado por la ansiedad y por las acciones que hace la persona precisamente para no tartamudear. Por tanto, lo fundamental es reducir la ansiedad en situaciones de interacción social, aprender a ser consciente de los hábitos incorrectos que se emplean y asimilar procedimientos que ayuden a producir rápidamente un habla más fluida.


  • Las sesiones del tratamiento para la tartamudez tienen una duración de dos horas y frecuencia semanal.
  • Normalmente suelen ser necesarias de 5 a 10 sesiones, que incluyen estrategias y procedimientos de hipnosis y psicoterapia ericksonianas y programación neurolingüística, para manejar la ansiedad, mejorar la autoestima y modificar los hábitos incorrectos de respiración y producción de habla en contextos sociales.
  • Hay que realizar también ejercicios y prácticas fuera de las sesiones para reforzar los progresos y consolidar los nuevos hábitos de habla en contextos reales.
  • El número de sesiones varía dependiendo de la persona y de la severidad del problema, aunque ya desde las primeras sesiones se pueden obtener mejorías importantes o incluso un habla fluida.